Un pueblo en tierra plana, no tanto así su gente. Acostumbrados a que les de el viento en la cara. Viento gélido de invierno que corta los labios. Que empuja las puertas y ventanas con su ruido inquieto a la hora de la siesta. Que ventila las cabezas. Cabezas cubiertas con pañuelos o boinas, como rebeldía. Que proteja las orejas, y también las ideas de paso, que si no se alborotan.
En el pueblo no importa la política de fuera. Pero al pueblo vienen para llevarse los frutos de su tierra, que aquí consiguen con su trabajo agricultores y pastores. Al pueblo vienen ahora camiones a llevarse brazos de hombres.
